Desclasificar

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Yo planifico la guerra, anuncio la guerra, hago la guerra y luego me siento a vivir de esa guerra preanunciada, para desarrollar negocios a partir del trauma de ese pueblo o país. Esa pareciera ser la dinámica de la diplomacia repetida de quienes buscan imponer sus criterios imperiales o de los serviles.

Al pasar 10 años Estados Unidos informa a la opinión pública que “desclasificó papeles” y que en esos países donde hubo guerras  debió participar como país mediador en nombre de la “libertad”. ¡La estupidez hecha inteligencia! Una libertad camuflada con balas y bombardeos. Así lo hicieron y lo siguen haciendo con su libreto cobarde en América Latina, Asia, África y no cesan en el mundo árabe. Ahora la táctica es otra, tener países títeres invasores o desmontar democracias con medidas coercitivas utilizando la moneda para extorsionar y alterar economías.

¿Qué utilidad moral y ética posee desclasificar algo que ya pasó: acaso se podrán revertir los daños humanos, ambientales, económicos e históricos? ¿Esos datos estadísticos o de información a quiénes interesan? ¿Algún organismo multilateral o institución  internacional puede hacer “evaluación de pérdidas” con tanto desparpajo e hipocresía al desconocer la dignidad humana?

Las verdades absolutas en la Edad Media se impusieron en nombre del “más allá” y luego la racionalidad del naciente capitalismo mal heredó e impuso la racionalidad del “más acá” a sangre y fuego hace ya 25 siglos.

¿Y dónde está escrito que un país decida borrar de la faz de la tierra a otro pueblo solo porque considera que se le interpone en sus intereses imperiales o subimperiales o de credos religiosos?

Israel, un país asentado por decisión de la Organización de las Naciones Unidas(ONU) en territorio muy cerca de Palestina  pretende aplicar la ley con sus propias armas de destrucción, para desplazar a otro que tiene historia oral, escrita y tradición. Pero no crean que actúa solo, está protegido en el mapa político mundial por Estados Unidos, que es quien de verdad mece la cuna. El mundo único, como se hizo en la Segunda Guerra Mundial,  para que el imperialismo coloque un gendarme y arbitre lo que debe o no debe hacerse

¿Qué le importa pérdida de millones de vidas, su cultura milenaria y sus sueños?

A este país comodín, terrorista. No es el mismo país bíblico, ahora es un país sediento de sangre que necesita recursos fósiles, más tierra y el mar de Palestina para ampliar sus fronteras. 

Esta es la civilización occidental o países civilizados que más bien parecen jaurías de lobos para devorar la “presa” codiciada y  borrarla de sus territorios donde han permanecido y deben seguir por Derecho Internacional. La resistencia de Palestina es la misma de todos los países del globo terráqueo, ser soberanos, independientes y jamás arrodillarse ante el dólar y el ostracismo de Estados Unidos.

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Luis A. Velásquez Escritor

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