Panem et Circenses

107

Es un decir popular que “del árbol caído…”. Es lo que algunos pretenden hacer ante las cenizas aún ígneas del Maestro José A. Abreu. Mezquindad retorcida, descontextualizada, que recuerda las miserias escritas contra el padre Bolívar cuando aún su cuerpo reposaba sobre la mesa de la cocina de la Quinta San Pedro Alejandrino en Santa Marta. El movimiento de los santanderistas se lanzó a la persecución y exterminio de todo aquello que expresara el sentimiento del bolivarianismo.

Árbol fuerte, no caído, es la obra musical inconmensurable de Abreu. Un exitoso ensayo cultural es el legado de este trujillano insigne que, como lo resume la psicóloga Erik Erikson, están presente los rasgos universales de la cultura donde cada miembro de la especie humana puede acceder.

La obra del Maestro Abreu fue pensada para trascender a las futuras generaciones, de allí su universalidad en su contenido lingüístico racional, significativo y significante. Acción cultural la suya donde están presentes categorías y tópicos diversos entremezclados armoniosamente. Una obra con sentido histórico que toma en cuenta la herencia musical de los pueblos y en particular los de Venezuela.

Abreu concibió su proyecto como un complejo edificio de ideas estructuradas al través de un sistema orgánico, donde lo particular se mezcla dialécticamente con la totalidad de lo social y se integra a la realidad concreta.

Si lo anterior no fuese cierto, cómo entender que más de un millón de jóvenes, adolescentes y niños hoy muestran sus sonrisas y valores musicales, gracias a un vigoroso sistema que se planteó como objetivo darles lo mejor y no las sobras culturales que la burguesía deja en sus platos.

El Sistema de Orquestas creado por Abreu transformó lo material y lo elevó a categorías superiores: diseñó un complejo y a la vez simple sistema organizacional, de conocimientos, de conductas disciplinadas cargadas de emotividad y de compromiso patrio que sin temor a los cambios culturales enfrentó la transculturalidad imperial y eurocéntrica. Hoy, ese sistema es modelo de organización musical, reservorio de talentos en el mundo.

No le hagamos al Maestro Abreu lo que ya  le hicieron al sabio zuliano Humberto Fernandez Moran, condenado al ostracismo por haber sido durante muy breve tiempo ministro de Educación de Pérez Jiménez. Este talento nuestro se marchó al exterior, perseguido por la malidicencia y mezquindad de los mediocres y chismosos, incapaces de construir nada, cuando sí de destruirlo todo.

Con el escritor dominicano Héctor Díaz-Polanco digo, llenémonos de esa otra virtud comparable a la solidaridad que nos puede hacer humanos universales: la tolerancia. Reconocer al otro en sus defectos y virtudes es también humano, merecedor de respeto y admiración. Es lo que Enrique Dussel y otros explican con la analéctica, el enfoque filosófico que permite liberarnos y sacudirnos la inquina salvaje de quienes viven del absurdo, de las miserias, de la estupidez.

_____________________________________________________________

Félix Roque Rivero Abogado

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor/a

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí