Isabel Díaz Ayuso: una fe de errata en sí, que no es X ni J

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No soy quién para asumir la defensa de México por los insultos de la presidenta de la Comunidad de Madrid hacia el país anfitrión. Pero hay circunstancias en las cuales callar es de cobardes. Mucha polvareda se ha levantado en torno a un ejemplo que encabezaba el anterior artículo, cuando utilicé la J para escribir Méjico. Lo lamentable es que hubo académicos de la lengua, escritores, políticos en ambos lados del atlántico, que desplegaron un sinfín de argumentos apoyando su doble uso, a fin de exonerar a la susodicha a la hora de no contemplar la X como opción. Su principal aval, la Real Academia de la Lengua, cuyo lema limpia, fija y da esplendor a la lengua española, trata de evitar barbarismos o excesos. Con tal peso de la historia, se procedió a justificar el uso de la J.

Sin embargo, el ejemplo no trataba del uso gramatical de la voz, cada quien es dueño de su escritura, con o sin faltas de ortografía. Lo que es relevante es el sentido que esconde una conducta. ¡Perdón, soy sociólogo y Weber me condiciona! Me refiero –¡y no soy sicoanalista! – al significado que esconde el prejuicio ideológico de Méjico con J.

Tal vez estemos en presencia de una demostración de imperialismo cultural, al tiempo que una imposición, bajo el principio de intolerancia: ¡por qué lo digo yo y además soy el conquistador! Otro ejemplo. Donald Trump ha decidido que el Golfo de México pese a llamarse Golfo de América, dado que ellos, según dice, son los dueños de la mayor parte de sus costas y, por otro, en ingles suena mejor al oído. Sin duda, está en sus bemoles realizar el cambio. ¿Pero responde a una salida de tono, o se corresponde a una concepción ideológica política?

En ambos casos es un dislate. Pero lo impone, cambia los mapas políticos y obliga a referirse al golfo de Mexico como golfo de América. Ahí se esconde el sentido que encierra la decisión: es una demostración de poder. Pero no se trata de profundizar en cada uno de ellos, por eso son ejemplos. Dígase que es un mal ejemplo, que hay otros mejores, pero argumentar desde su relato es poco elegante y demuestra la falta de ideas para explicar una decisión cuyo fondo se encuentra en otro lugar. La visión de los vencedores y la exclusión de los vencidos.

Si se trata de la cultura occidental, tiene su razón de ser. Proyecta una civilización, una propuesta de dominación. Las palabras enuncian, definen, construyen mundo e identifican a quienes las utilizan. Me valgo de la palabra autorizada de Beatriz Sarlo al referirse a la relación entre hablantes y escribientes de la lengua, cuando señala que en ocasiones se es dueño de la lengua y en otros la lengua nos gobierna.

Ser dueño, dirá: “es ser plenamente conscientes del contenido semántico, sintáctico, gramatical de lo que estamos diciendo. Pero es frecuente que seamos hablados por frases hechas, por nuestras propias equivocaciones y por nuestros propios prejuicios, o sea no hay propiedad sobre la lengua como la propiedad que nos hace ser dueños de un departamento.”

Isabel Díaz Ayuso regresa a Madrid. Nada más pisar tierra se despacha a gusto contra México, su gobierno y su pueblo. Con lágrimas en los ojos, se victimiza. En un tono perdido reivindica la hispanidad, se siente agraviada y culpa a al gobierno de España, en especial a su presidente, Pedro Sánchez, de haberla abandonado, en un país violento, gobernado por narcos y una Presidenta que la insultó, amenazó e impidió cumplir su agenda. Por ello y ante el riesgo de sufrir algún atentado, decidió suspender la gira.

Creo que nunca había sido puesta en evidencia. Siempre descalificando a la oposición, insultando al prójimo, aplaudida por sus acólitos, protegida por jueces corruptos y avalada por sus correligionarios se consideró inexpugnable. Pero suele pasar. El traje nuevo de la emperatriz Ayuso dejó al descubierto sus vergüenzas. Rodeada de aduladores, nadie le advierto que estaba desnuda. Lo destacado: en su partido nadie la ha llamado la atención y está siendo recibida como una heroína. Luis Hernández Navarro señaló que Isabel Díaz Ayuso se piensa como un libro, pero es sólo un pie de página. Si me permite, apostillaría, pie de página que en sí es una errata.

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Marcos Roitman Rosenmann Chileno-español, sociólogo y escritor

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