Al leer el prólogo del libro The Plot to Overthrow Venezuela: How the US Is Orchestrating A Coup For Oil de Dan Kovalik, con nota de presentación de Oliver Stone, me topé con una mención reveladora: Nitro Zeus. No se trata, desde luego, del personaje de Transformers –un Decepticon alborotador, fanfarrón y con modos de cazador implacable que sirve como segundo al mando de Megatron–, sino de algo infinitamente más real y peligroso: un programa de guerra cibernética estadounidense ultrasecreto diseñado para paralizar por completo la infraestructura crítica de una nación.
Este programa, cuyo nombre en clave emergió a la luz pública gracias a la investigación del documentalista Alex Gibney para su película Zero Days y fue corroborado posteriormente por The New York Times, representaba la culminación de la guerra híbrida. Nitro Zeus no era un simple virus como Stuxnet, que atacó centrifugadoras nucleares iraníes. Era un plan integral de «ciberguerra a gran escala sin atribución» que, según una fuente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) entrevistada por Gibney, involucró la infiltración profunda en las redes de mando y control, defensa aérea, red eléctrica, comunicaciones y sistemas financieros de Irán. «Gastamos cientos de millones, quizá miles de millones en ello», declaró la fuente. El objetivo era claro: «interrumpir, degradar y destruir» la infraestructura iraní sin lanzar una sola bomba, sumiendo al país en una oscuridad caótica donde, como señaló la misma fuente, «mucha gente moriría»[i] [ii].
La reflexión sobre Nitro Zeus se vuelve estremecedoramente pertinente cuando se observa el patrón de agresión contra Venezuela. Aprovecho esta referencia para interpelar las teorías que, sin tener evidencia ni elementos de prueba sólidos, han cuestionando de una manera simplista por qué las defensas antiaéreas venezolanas «no respondieron» durante la gravísima agresión militar estadounidense del 3 de enero de 2026, que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores.
Las declaraciones del presidente Donald Trump tras el ataque son la piedra angular para entender que lo ocurrido no fue un fracaso técnico venezolano, sino la demostración de una superioridad tecnológica abrumadora y secreta. En el Foro Económico Mundial de Davos, Trump alardeó: «hace dos semanas vieron armas de las que nadie había oído hablar. No pudieron dispararnos ni un solo tiro»[iii]. Incluso fue más allá, revelando parcialmente el arma utilizada: «El Discombobulator… Nosotros llegamos, ellos presionaron botones y nada funcionó»[iv]. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, denunció precisamente esto: que su país fue usado como «laboratorio» para probar armas novedosas, «armas que nadie tenía en el mundo»[v].
Esto nos lleva directamente de vuelta a la lógica de Nitro Zeus y al corazón de la guerra híbrida moderna. La incapacitación de sistemas de defensa aérea (SA rusos y sistemas chinos, según Trump) no se explica solo con bombas de precisión. Se explica con dominio multidominio, un concepto que el canciller cubano Bruno Rodríguez esgrimió acertadamente: una acción que combina los dominios terrestre, aéreo, marítimo, espacial, cibernético y del espectro electromagnético[vi]. El ataque a Venezuela incluyó apagones selectivos, bombardeos a torres de telecomunicaciones e interferencias contra radiobases de telefonía celular, un claro «mecanismo de asfixia táctica» para desorganizar al Estado y confundir a la población.
¿Qué mejor manera de dejar ciega e indefensa a una nación que activar, quizás, un implante cibernético tipo Nitro Zeus, o emplear un arma de efecto electromagnético como el Discombobulator, para inutilizar redes eléctricas, radares y sistemas de comunicación antes y durante un ataque cinético? El periodista Steven Gowans, citado en el prólogo de Kovalik, lo planteó con claridad años antes, tras los masivos apagones en Venezuela en 2019: «si Estados Unidos puede apagar la red eléctrica en Irán, usando un arma cibernética que ahora es un elemento clave en la planificación de guerra de todas las principales potencias mundiales, es muy probable que pueda hacer lo mismo en Venezuela»[vii].
La hipótesis no es descabellada, es lógica. Estados Unidos posee, desarrolla y usa tecnologías de punta clasificadas en sus operaciones de cambio de régimen. El documental Zero Days de Alex Gibney es una pieza fundamental para comprender la profundidad de esta realidad. Gibney expone no solo el Stuxnet, sino la existencia de programas como Nitro Zeus, mostrando cómo la ciberguerra ha trascendido el ámbito de la ciencia ficción para convertirse en una herramienta de política exterior no reconocida, híper secreta y de un poder destructivo comparable al nuclear. El documental es una advertencia sobre un mundo donde las guerras se libran en la sombra, con código malicioso y sin declaración alguna, y donde el secretismo extremo impide cualquier debate público o control democrático sobre armas que pueden paralizar civilizaciones[viii].
Por lo tanto, preguntarse por qué las defensas venezolanas «no funcionaron» sin considerar el arsenal secreto y las capacidades de guerra híbrida y cibernética de los Estados Unidos es un ejercicio de ingenuidad o de mala fe. La evidencia circunstancial es abrumadora: la mención a programas como Nitro Zeus, las bravatas de Trump sobre armas desconocidas, la caracterización del ataque como multidominio por analistas externos y el historial documentado de Washington de considerar ataques a infraestructura crítica (como la red eléctrica) como catalizador para el cambio de régimen en Venezuela, tal como señaló Max Blumenthal también en el prólogo de Kovalik.
La agresión a Venezuela no fue un simple enfrentamiento militar convencional. Fue la materialización de una doctrina de guerra del siglo XXI, donde lo invisible –el código, la interferencia electromagnética, la desinformación– allana el camino para lo visible: los bombardeos y el secuestro de un jefe de Estado. Venezuela pudo muy bien haber sido un campo de prueba operativo. Ignorar este contexto es negarse a entender la verdadera naturaleza de las agresiones contemporáneas.
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Jaime Alberto Demedio Quesada Cubano, comunicador y analista de medios digitales
[i] Gibney, A. (Director). (2016). Zero Days [Documental]. Magnolia Pictures; Participant Media.
[ii] Szoldra, P. (6 de julio de 2016). Estados Unidos podría haber destruido toda la infraestructura de Irán sin lanzar una sola bomba. Business Insider. https://www.businessinsider.com/nitro-zeus-iran-infrastructure-2016-7
[iii] RT. (23 de enero de 2026). Ministro venezolano alerta que su país fue «laboratorio» de armas de EE.UU. «que nadie más tenía». https://actualidad.rt.com/actualidad/583624-defensa-venezolano-alerta-pais-laboratorio-guerra
[iv] RT. (24 de enero de 2026). Trump da detalles del arma secreta que utilizaron para capturar a Maduro. https://actualidad.rt.com/actualidad/583771-trump-da-detalles-arma-secreta
[v] RT. (23 de enero de 2026). Ministro venezolano alerta que su país fue «laboratorio» de armas de EE.UU. «que nadie más tenía». https://actualidad.rt.com/actualidad/583624-defensa-venezolano-alerta-pais-laboratorio-guerra
[vi] RT. (14 de enero de 2026). Cuba detalla cómo EE.UU. atacó a Venezuela con «una acción de dominación multidominio». https://actualidad.rt.com/actualidad/582137-accion-dominar-multidominio-cuba-ataque-venezuela
[vii] Kovalik, D. (2019). The Plot to Overthrow Venezuela: How the US Is Orchestrating A Coup For Oil. Prólogo.
[viii] Cheshire, G. (8 de julio de 2016). Zero Days. RogerEbert.com. https://www.rogerebert.com/reviews/zero-days-2016








