Albó: El conocimiento del pueblo

142

En 2008 acompañé a un amigo alteño, que venía de hacer un doctorado en el extranjero, a dar una charla en la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Recuerdo que expuso para estudiantes de los últimos años de la Facultad de Ciencias Económicas y de Ciencias Sociales. La sala estaba llena  y las expectativas eran altas, dado el nivel académico del invitado.

Pero me fijé que la audiencia estaba a punto de dormirse con la exposición, que a mí me parecía muy interesante por ser un tema abordado desde el marxismo de manera rigurosa y –a mi entender– bien clarita.  

Presté entonces atención, más que al exponente, a las y los estudiantes que reflejaban en sus rostros el nivel de hastío. Claro, mi amigo retornaba a un país que en dos años había cambiado, mientras la UPEA se consolidaba como una importante universidad alteña.

Al finalizar la charla hubo escasos aplausos de rigor o por cortesía, pero no preguntas. Nos preparábamos para salir de la sala, cuando se abrió la puerta y entró un hombre con una fuerza y una energía extraordinarias, casi como un torbellino. Fue recibido con vítores. Lo primero que hizo fue saludar en aymara y siguió hablando en ese idioma, se dirigió a nosotros y nos dijo algo que no entendí, pero que me tradujeron: “Buenos días, no hablaré en castellano porque ustedes son minoría”.  

Esa energía, que me impactó porque inundó el aula, levantó el rostro de las y los asistentes que lo miraban con admiración, muy  atentos a cada gesto y palabra, era Xavier Albó.

Alto, macizo, contaba con más de 70 años, pero con más brío que cualquiera de las y los representantes de la juventud ahí presentes. Hablaba con tal soltura el aymara que, cuando cerramos la puerta –cuestión de la que nadie se percató–, escuchamos respuestas en coro y carcajadas. De qué hablaría, nunca lo sabré, pero dio pie a un diálogo.  

Me quedó clarísimo que este jesuita español nacionalizado boliviano era parte del pueblo originario, un aymara más que vino ese día desde la comunidad de Jesús de Machaca, donde vivió por años, a dar una charla a esa juventud que representaba el futuro del país. Esta anécdota refleja, en parte, su consecuencia con sus propias ideas; no hablaba del pueblo, era pueblo. ¡Grande Xavier Albó!

_________________________

Pilar Orellana Correo del Alba

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí