El 19 de noviembre de 1973 se funda en la ciudad de Caracas, la Liga Socialista por los Derechos del Pueblo. Ello ocurrió en la antigua sede de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), ubicada en la Avenida Andrés Bello de la capital de Venezuela.
Como lo dejó escrito nuestro querido compañero David Nieves Banchs, el impulsor en la creación de La Liga Socialista (así sería llamada luego), fue el Maestro Jorge Antonio Rodríguez. La creación de la Liga Socialista (LS) fue una manera de «darle unidad política y organizativa al movimiento por el voto nulo y proyectarlo más allá de las elecciones de 1973. Tres años después, Jorge había convertido a la Liga Socialista en una organización política de proyección nacional con participación en sindicatos, centros estudiantiles, comités de movilización campesina, comités de barrio, círculos de profesionales e intelectuales. En forma acelerada creció la Liga Socialista». Consideramos, sostiene David, que fue ese crecimiento y desarrollo político sostenido y consecuente, «el principal motivo por el cual el gobierno burgués decidió asesinar a Jorge Rodríguez». (David Nieves, prólogo al libro El pensamiento de Jorge Rodríguez. Alcaldía de Caracas, 2013).
Transcurridos ya 48 años de la fecha fundacional y entendiendo que la LS, luego de un proceso de discusión se fusionó al PSUV, sin lugar a duda que el Pensamiento Político de Jorge Antonio Rodríguez, continúa orientando, dando luces, aportando. Muchos cuadros de la LS ocupan posiciones relevantes en la conducción del país, entre ellos el compañero presidente Nicolás Maduro Moros que, siendo muy joven, militó en las filas de la organización fundada por el Maestro de Carora.
Jorge Rodríguez, con esa capacidad de conducción que lo caracterizó, creó una «escuela de cuadros». Los ligueros fuimos entrenados por aquel Maestro sabio que hizo de la política un remanso donde abundaba la lealtad, el respeto, la eticidad, el compromiso, el compañerismo, la alegría. Tan fuertes fueron esos principios que, transcurrido el tiempo, ellos se mantienen en muchos compañeros que, desperdigados a lo ancho y largo de la geografía nacional, siempre nos inventamos alguna excusa para encontrarnos y con nuestro David decir que, aunque «El molino ya no está, el viento sigue, todavía».
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Félix Roque Rivero Abogado venezolano
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