Vuelve el régimen de Sebastián Piñera, por los fueros de la represión, a manchar de sangre una manifestación pacífica de resistencia de los pueblos originarios del Abya-Yala, que aman la paz y la vida en abundancia, que tenía como objetivo expresar solidaridad al originario pueblo Mapuche, que sigue siendo víctima de los resabios represivos de un régimen oligárquico neoliberal, que se quedó anclado en las covachas mortecinas del pinochetismo a través de la policía de Carabineros, en donde el pueblo es el enemigo público a reprimir.
Aun flotan, en el enrarecido aire de Santiago, las lágrimas de miles de madres que lloran a las asesinadas y asesinados por el excesivo uso de la fuerza de esta policía represiva, que no ha salido de sus metodologías de la sangrienta dictadura de los años setenta, que ha perpetuado en siglo 21 las recurrentes violaciones a los derechos humanos.
No hemos escuchado a la vocera y Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas ONU, Michelle Bachelet, pronunciarse al respecto, considerando que ella misma fue una de las víctimas de esa filofascista dictadura.
Hoy, nuevamente la policía de Carabineros vuelve a asesinar a la defensora y activista de derechos humanos, abogada Denisse Cortez, en las movilizaciones del lunes 11, donde también fueron detenidas más de cien personas y dejó un saldo de gente herida.
Así es de perverso, insensible e inhumano es el neoliberalismo que ha respondido con represión el levantamiento de los adolescentes, jóvenes, mujeres, hombres de las diversidades socioculturales, sexogenéricas que demandaron la conquista y pleno ejercicio de derechos fundamentales en octubre de 2019.
El 10 de octubre, vuelve a inscribir un nefasto accionar la fuerza pública chilena que cuida y precautela celosamente el poder, mientras la represión no para. Que pretende, además, silenciar y callar una lucha histórica del pueblo Mapuche, considerado un permanente objetivo a reprimir por el Estado-Nación. Que ha destapado un acumulado de violaciones, en donde se ha despojado al hermano pueblo originario Mapuche de su territorio ancestral, de su cultura material, pero que no ha podido arrancar su lucha, su resistencia y el derecho de vivir en paz.
Ergo, allí radica la enorme importancia de la Convención Constituyente, que está en proceso de construcción de una nueva Carta Magna, que se convertirá en un gran paraguas de inclusión, que le permita al pueblo de Chile un futuro de esperanza, de justicia social, que desmantele las estructuras represivas y reorganice la policía de Carabineros.
Tiene que ser extirpado el odio, la criminalización de la justicia, la persecución política selectiva, que la bronca de los “cabros y cabras” (adolescentes) en defensa permanente de la paz y la vida no quede ignorada, ni que la represión quede en la impunidad.
El odio y rezagos xenófobos del traumático hecho colonial no puede permanecer incólume.
Condenamos y repudiamos el asesinato de Denisse. Estamos muy indignados porque la represión y el miedo intentan callar la defensa de derechos.
Conminamos y exhortamos al Ministerio público chileno a que se realice una profunda investigación y se determine a los autores intelectuales y materiales de este asesinato que expresa una vulneración recurrente a los derechos humanos.
Denunciamos ante la comunidad internacional, organizaciones sociales populares, estas nefastas violaciones.
Chile sigue, la lucha continúa, mientras en la neblina que envuelve las alamedas de libertad de hombres y mujeres nuevos y nuevas, resuenan los PandoraPapers que envuelven al presidente chileno. La Fiscalía del país ha iniciado la investigación de estos fondos Offshore. Mientras la gente grita: renuncia Piñera, fuera Piñera represor.
Por verdad, memoria y justicia.
Esta vez la policía carabinera no ha sacado ojos, pero sigue abundando en el excesivo uso de la fuerza. Toda nuestra solidaridad a la familia de Denisse Cortez, a sus padre y madre, a la comunidad de defensoras y defensores de derechos humanos, al pueblo que tiene que seguir luchando, aunque el frío muerda y los chacales de la muerte cumplan el libreto neoliberal.
Chile tiene el derecho de vivir en paz y que los crímenes y delitos de lesa humanidad no rayen en la impunidad.
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Luis Ernesto Guerra Analista político ecuatoriano y activista de Derechos Humanos
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