Definitivamente lo que va de año está marcado por el belicismo de Trump. Primero con la ilegal incursión militar en Venezuela para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores y apropiarse de las mayores reservas de petróleo del planeta y demás recursos naturales; y recientemente con el pillaje contra Irán, que ha cobrado hasta ahora la vida de miles de civiles.
Pero para la Casa Blanca ha sido, es y será su mayor piedra en el zapato la Revolución cubana. Es por eso que la administración Trump en 2025 repuso a Cuba en la “lista de países patrocinadores del terrorismo” y enero de 2026 emitió una Orden Ejecutiva para declararla como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos”.
La pasada semana el magnate presidente –cuestionado al interior de su país por su insistente aparición en los Archivos Epstein en calidad de solicitante de servicios sexuales de adolescentes– arremetió otra vez contra la nación caribeña al anunciar en conferencia de prensa: “tendré el honor de tomar Cuba».
La peligrosa declaración estuvo precedida por la cita de una docena de mandatarios de la Región (incluido el presidente Rodrigo de Paz de Bolivia) a Florida para dar creación al Escudo de las Américas, espacio que busca garantizar el control y despojo de los recursos naturales existentes en América Latina y el Caribe por parte del imperialismo norteamericano.
Un tema tratado en la cita fue: Cuba. Sus efectos se hacen sentir sobre esta con su asfixia económica ascendente a partir de un bloqueo petrolero y el aislamiento regional con la acometida de Ecuador y Costa Rica contra la diplomacia cubana, así como con la obligación de cortar toda cooperación médica, orden que han obedecido hasta ahora países como Jamaica, Honduras, Guatemala, entre otros.
Bolivia se suma al cerco a Cuba
Como era de esperar, medios nacionales como Correo del Sur se han sumado al coro de la prensa derechista dominada por Washington para enlodar la imagen de Cuba y así crear una matriz de opinión favorable para su cerco y, quizás, una eventual invasión.
Fue el pasado lunes 15 de marzo que en su sitio web apareció en portada la nota: “Erick Foronda: Evo y Arce regalaron a Cuba $us 450 millones”.
La primera gran sorpresa para los lectores fue el trato al entrevistado, a quien se refieren como “conferencista” y “exfuncionario de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia”, tratando de darle un sitial de prestigio del que carece.
¿Puede ser una fuente confiable en la materia una persona que trabajó 13 años en la Embajada de los Estados Unidos en Bolivia, expulsado solo en 2008 tras el intento de golpe de Estado contra Evo Morales?
¿Puede ser confiable quien ofició de secretario privado de la golpista Jeanine Áñez entre 2019 y 2020, cuando justamente se expulsó a más de 700 miembros de la Brigada Médica Cubana?
¿Puede ser confiable un personaje que, según publicó el medio The New Yorker en el reportaje “The Fall of Evo Morales” se presentó ante el periodista norteamericano Jon Lee Anderson diciendo: “soy agente de la CIA”?
¿Puede ser confiable quien sostuvo relaciones con el mayor de inteligencia de las Fuerzas Armadas Leonel Sanjinés para ayudar al golpe de Estado contra el expresidente Luis Arce el 26 de junio de 2024, tal como se señala en el documental “¿Qué pasó el 26J? en Bolivia”?
Boliviano de nacimiento, norteamericano de documentos y republicano de filiación política. En síntesis: antiboliviano y proimperialista.
¿De verdad puede ser neutral o un “conferencista” alguien con ese prontuario?
Correo del Sur no se detiene y presta su espacio para afirmaciones de Foronda, en relación a la Brigada Médica Cubana y la soberana relación con La Habana, como: “de Evo Morales y Luis Arce regalaron más de 450 millones de dólares a la dictadura cubana”; “los regímenes totalitarios de Cuba y Bolivia usaron exclusiva, pero no excluyentemente dos programas: las brigadas médicas y las supuestas becas universitarias en Cuba”.
Complementa el propio medio chuquisaqueño: “Los $us450 millones son una sumatoria de los pagos por las brigadas médicas, las becas, la compra de medicamentos, pasajes, vehículos, envíos de alimentos, entre otros ítems”.
La calumnia se cae por si sola al consultar las declaraciones, disponibles en Google, del extitular de Salud de Áñez, Aníbal Cruz, quien en su momento habló de $us147 millones, pese a que ni los gobiernos de Morales ni Arce hicieron públicas las cifras de pagos por los convenios bilaterales entre Bolivia y Cuba.
Pero, ¿tan calamitosa es la derecha criolla que no puede ponerse siquiera de acuerdo en la cifra con que buscan sustentar sus calumnias? ¿Les resulta lo mismo afirmar que fueron $us450 millones que $us147 millones? ¿Por qué no ofrecen a la Contraloría General del Estado la detallada información que dicen tener? ¿Por qué Foronda, en su calidad de secretario privado, mandamás y hombre de la CIA en el gobierno de Áñez, no le compartió a su jefa lo que hoy denuncia?
El artículo se torna más inconsistente cuanto más temerarias y rabiosas son las afirmaciones del nada académico entrevistado: “Cuba tenía acceso a servicios de inteligencia de Bolivia”; “reestructuraban agencias de inteligencia bolivianas”; “los acuerdos confidenciales incluyeron programas de cooperación en inteligencia e intercambio de temas de interés bilateral que involucraban la seguridad nacional de Bolivia. Morales y Arce entregaron a Cuba información estratégica de Bolivia y de miles de bolivianos, comprometiendo nuestra soberanía, pero también poniendo en riesgo la vida de miles de ciudadanos bolivianos, cuyos datos han sido compartidos con la dictadura cubana. Esto lo tenemos documentado con pruebas irrefutables”.
Ante la gravedad de esas acusaciones, ¿por qué al llegar al Gobierno vía golpe de Estado no tomó cartas en el asunto? ¿Por qué no llevar estos antecedentes a la Justicia?
Su propia figura se desdibuja y se vuelve sombría cuando relaciona el programa social “Bolivia Cambia, Evo Cumple” con “lavado de dinero del narcotráfico y otras actividades vinculadas al crimen internacional”. Y es que este ciudadano norteamericano y miembro del Partido Republicano debió hacer llegar los antecedentes del caso a la DEA o al Departamento del Tesoro en su nada breve permanencia en Washington. ¿Qué oculta realmente Foronda?
La nota no tiene siquiera un cierre feliz. Repleta de incoherencias se muestra como lo que es: un burdo artículo menor –hecho y publicado a pedido de “la Embajada”– que carece de fuentes fidedignas (el único entrevistado es un confeso agente CIA), lanza antojadizas cifras que son desmentidas por el propio redactor a medida que se avanza en la lectura del texto, y cuya metodología del periodismo investigativo brilla por su ausencia.
Llegado a este punto, podemos concluir que Correo del Sur con la entrevista a Foronda se presta para una operación política disfrazada de periodismo de investigación. En otras palabras, sin sonrojarse siquiera apuestan por engañar a la ciudadanía para generar una matriz de opinión que la disponga contra Cuba ante una posible agresión militar de Trump o una ruptura diplomática de parte del gobierno de Paz.
Cuba y Bolivia: lo que los imperialistas no pueden borrar
Guste o no a Foronda, a Correo del Sur y a “la Embajada”, la labor de la Brigada Médica Cubana está muy documentada y sus cifras son públicas. Mencionaremos unas pocas, para refrescar la memoria de la población:
-Durante una década de presencia de médicos cubanos, en los nueve departamentos del país, en zonas urbanas y rurales, se llevaron a cabo gratuitamente más de 70 millones de consultas;
-Solo la “Operación Milagro” se encargó de devolverle la visión, sin costo alguno, a más de 700 mil bolivianos;
-Se atendieron más de 50 mil partos;
-Se apoyó el programa médico “Mi Salud” y se cubrió el déficit en el sector público en más de 30 especialidades;
-Millares de jóvenes bolivianos se graduaron como médicos en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) y ofrecen servicios en las distintas ciudades del país.
Esa es una ínfima muestra de la inquebrantable amistad entre los pueblos boliviano y cubano y el mayor ejemplo de que cuando se trabaja de manera solidaria y desinteresada los beneficios son enormes.
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Helena Paz Boliviana, cientista política








