Las declaraciones de Stephan Miller, subsecretario de Trump, reproducidas en YouTube, no son un llamado de alerta a los encargados de la defensa en los diversos países, ni una especulación ideológica, sino una advertencia a quienes piensan que hoy los países pueden gozar de soberanía.
Ya no se los considera “naciones” sino espacios habitados por fuerzas relativas en su magnitud.
Afganistán, Corea del Norte, Sudán o Birmania, así como muchos países del globo les agradecen la sinceridad. Al igual que los piratas, filibusteros y esclavistas en diversas partes del planeta.
Pero entonces, qué queda del viejo mundo hipócrita, mentiroso muchas veces, retenido a veces incluso con mutuas amenazas nucleares, ese mundo basado en reglas (las de los poderosos) que permitieron cierto espacio de soberanía nacional y derechos humanos “con sus invasiones y muertos, desde luego”: nada o muy poco.
La desnuda Ley de la Selva ha vuelto con su ideología explícita, que antes ocultaban a medias: la “ley del más fuerte”.
Los estados siempre han sido aparatos de control, cohesión y represión, con el mensaje de hacer lo mejor por sus connacionales. La ONU tiene una hermosa e incumplida declaración que otorga privilegios a 5 potencias en el Consejo de Seguridad, pero que al menos permite denunciar.
Este señor, al que no culpo por ser pelado ni ser sincero, anuncia que ese período ha terminado y que al menos ellos, USA, no usará esa justificación para sus actos. Que no son “buenos” y que los otros tampoco lo son o lo fueron.
Así las cosas, qué quedará de nuestros derechos de ciudadanía, de nuestros acuerdos con otros pueblo —al interior del país, como externos a sus fronteras— de las soberanías compartidas u otros convenios?
Solo cabe esperar lo peor.
No la paz eterna y kantiana regida por la razón, sino la paz armada de la selva o el gallinero.
«Sic transit gloria mundi»
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Rafael Kries Chileno, economista







