Miércoles, 7 de enero,
Minneapolis, Minnesota;
en las redes una nota
estremeció al mundo entero.
Por un agente altanero
de nombre Jonathan Ross
blandió la muerte su hoz
y sobre su camioneta
Renée Good, madre y poeta,
vio silenciada su voz.
Bastaron unos instantes
y un federal agresivo
durante un operativo
en contra de los migrantes.
Renée Good, tras el volante,
–como todo el mundo vio–
del agente recibió
un disparo en pleno rostro
mas no fue un héroe, fue un monstruo,
quien a Good asesinó.
En unas horas la nota
saturó los celulares
y en muy diversos lugares
derramó el vaso esa gota.
No fue sólo en Minnesota
la indignación, desde luego:
se expandió muy pronto el fuego
y hoy condenan ese amago
Seattle, Nueva York, Chicago
Los Ángeles y San Diego.
Por su parte, en la minuta,
dice el gobierno otra cosa
y así el asesino goza
de inmunidad absoluta.
Hoy Kristi Noem le imputa
la violencia a la poeta,
dice que su camioneta
“era un arma terrorista”:
el argumento fascista
que está arrasando al planeta.
Hay quien endiosa la guerra
y a la violencia le invierte
por eso siembra la muerte
incluso en su propia tierra.
Pero la paz no se encierra
adentro de un ataúd:
hoy actúa la multitud
más allá de la noticia
y sale a exigir justicia
para Renée Nicole Good.
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Antonio Rodríguez (Frino) Mexicano, músico y sociólogo








