Por Gustavo Torrico
El próximo 20 de octubre se celebran en Bolivia las elecciones generales, mediante las cuales el pueblo libremente elegirá a sus futuros gobernantes por un nuevo periodo constitucional de cinco años, así como también a los miembros de la Asamblea Plurinacional.
Esta elección no es una más de las muchas que se vienen realizando desde que recuperamos la democracia hace 37 años; esta tiene particularidades que, dependiendo de su desenlace, podrían traer días de felicidad o tristeza –e incluso de luto– para el pueblo boliviano, las mismas que pasamos a analizar a continuación.
Primero, que no se juega el simple cambio de autoridades. Aquí se estará votando por el cambio en la forma de gobernar o su continuidad. Si el resultado fuera favorable al MAS –como lo sugieren las encuestas–, solo faltaría saber con qué porcentaje y capacidad de control de la Asamblea se daría este triunfo.
«Si se diera un resultado negativo para el oficialismo, se suprimirían todas las políticas sociales implementadas por el gobierno actual, ya sean los bonos que hoy se distribuyen, los planes de vivienda, el Sistema Único de Salud o las facilidades que se dan en los diferentes créditos bancarios»
Segundo, si se diera un resultado negativo para el oficialismo, se suprimirían todas las políticas sociales implementadas por el gobierno actual, ya sean los bonos que hoy se distribuyen, los planes de vivienda, el Sistema Único de Salud o las facilidades que se dan en los diferentes créditos bancarios como consecuencia de varios Decretos Supremos que obligan al sistema financiero a realizar estas operaciones.
Ahora veamos qué pasaría de ocurrir el hecho de no reconocer como ganador al actual mandatario bajo la vieja discursiva de “no es legal, es inconstitucional…”. Esta acción la tendrían que pensar mil veces, ya que la fortaleza del MAS está en la capacidad de movilización y combate de su base social.
De todos modos, sea cual sea lo que pase después de las elecciones, la mal llamada clase política actual pasa a la jubilación obligatoria. Lamentablemente, no se ha construido un nuevo liderazgo que releve a Evo Morales en el MAS, lo que constituye un error garrafal para la continuidad y profundización de la revolución democrática y cultural, aunque en su descargo podríamos mencionar que tienen en el oficialismo cinco años para lograr este objetivo.
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Gustavo Torrico Asambleísta departamental








